Relato

Quinto Día

No he vuelto a ver ningún pasado. El silencio ya no tiene sentido, ahora que pasó desde la primera vez, ya no soy el mismo, soy otro. Quiero caminar, sentir tierra firme, el ardiente suelo quemar la planta de mis pies. Sudar, sudar sin cesar. Quiero tener el ferviente deseo de llegar cansado a casa con ganas de beber una jarra entera de agua fría. Lo anhelo. Ya no tengo nada de eso. Deseo el pasado, no deseo nada más. Esto parece un castigo. Un leve susurro, dice: las hojas caen y entran a mi habitación, los labios de flor que tienes, desde que te fuiste las horas se expanden, te extraño y eso lo sabes, mi amor. Sé que me recuerdas, aunque ya no esté contigo, paso por tu mente a cada momento, entiendo tu dolor, porque es el mismo dolor. No creas, no eres el único humano con capacidad de sentir. Olvídate de lo inescrupuloso que fuiste. Te admiro y a lo lejos te observo, con cariño … ¿Quién?¿¡De quién es esa voz!? Volteé, prendí la luz y el fulgor de la soledad se adueñó de la habitación, las escaleras se hacen más empinadas y veo una silueta con un vestido, la luz viene de lo alto. No veo el rostro. Me desvanezco, las escaleras crecen y las estrellas lloran por mí. Te llamo, pero no me miras, tal vez no tengas nombre. Espérame. Un piano angelical, me corrompe. Quiero extrañarte, pero no sé quién eres. Te he olvidado, tanto como debí. No sé cuál es tu nombre. Simplemente olvidé a alguien que de seguro también me olvidó. ¿Debería volver a caer?
Llegué al Tiburón, encontré una escalera erguida, llegué enseguida a ella. No dude en montarla. Ascendí y cuando saqué medio cuerpo a la superficie, ahora desde el fondo veía mis piernas, no lo podía creer. No tenía escapatoria éste lugar, todo va en mi contra. Me ilusioné. Descendí y seguí nadando. Las hojas caían en la superficie, con una impresión otoñal. Más, muchas más hojas caían, los árboles estaban floreciendo, los tiempos se apuraban, fue lo más hermoso.

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Didáctica General

Juan Pablo Suárez Escaño, estudiante de tercer semestre de Licenciatura en Artes. Universidad de la Paz. Barrancabermeja, Santander. Colombia
Esto es un cuento en progreso, la idea surgió del cuestionamiento de la profesora Katherine, en la clase Didáctica General. Trata acerca de una ciudad submarina, el tiempo no tiene orden por ello las cosas no tienen ritmo, pasado, presente ni futuro. El protagonista principal es un hombre que se enfrenta a la soledad y a los recuerdos que aparecen al pasar de los días. Es un texto con su toque existencial.
Ésta es una pregunta bastante importante porque todo se basa en el proceso creativo que cada estudiante puede llegar a desarrollar. Habría que trabajar diariamente en ello. Los estimularía tratando de sensibilizarlos con el entorno, acercándolos a la literatura. Se podría llegar a crear un Club de Lectura, donde se reciten poemas, y cuentos con escritores presentes del medio. Ejecutar el laburo literario. Muy bien nos hemos dado cuenta de la sociedad donde vivimos, el nivel de analfabetismo, con suerte ha bajado notoriamente, la educación ahora llega lugares antes imposibles, como veredas e islas en diferentes municipios.

Aún así el problema radica en el hecho no leer ni un mínimo párrafo. Esto es como todo, se mejora con el pasar del tiempo. Hay que dedicarle tiempo. Generar nuevos gustos.
Con todos los grados, así sea que el estudiante escriba un renglón por clase. Pero al final del período o año, se tendrían muchos renglones. No hay que desistir del poder que tiene la educación media. El Colegio lo conforman los estudiantes y maestros. Pero es el estudiante la imagen principal del Colegio. Todo se puede con empeño y dedicación.

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Cuarto Día

La bandera ondeaba al ritmo de las olas. Necesito escapar. No quiero más agua. Abran mis brazos, porque necesito calor humano. Debo salir. Al llegar a la superficie me encontré con una escena celestial. Flotando, estaba una madre sosteniendo la barbilla del niño con ojos marchitos, lloraba sin fin alguno, el aire estaba tenso. Me preguntaba porque lloraba tanto, qué le habían hecho. Cuando giré mi cabeza, en el fondo, estaba una canoa, a lo lejos se notaba una sábana manchada. Esperaba lo peor, la mujer que estaba allí junto al pequeño, sabía quién venía envuelto. El silencio se presentó delicamente, caminando entre la bullería de la gente. Eran los únicos que miraban, las voces se apagaron. La canoa se acercaba como atraída por el Puerto. El niño, se soltó, con lágrimas acariciando su delicada piel, corrió hacia la canoa. Mi pecho encogió. Un grito ensordecedor se esparció por el Río. El espirítu se desgarró. La madre ahora, tirada de rodillas implorando a Dios por tal situación, no entendía la razón. Pescadores y vendedores del Puerto, detuvieron sus trabajos y voltearon la mirada hacia ellos. Con arena en sus manos, despidió a su esposo, dando por él, un útimo adiós. La muchacha morena y triste, con el cuerpo magro. Sintió el quebranto de su presente. El niño, temblaba, de ira, tristeza y dolor. Las nubes se posaron sobre la tragedia. Los pescadores que venían en la canoa, atracaron. Entre sus manos a la cuenta de tres, alzaron las sábanas teñidas. Salieron de la canoa y pusieron el cuerpo yaciente a pies de la madre. El niño siguiendo sus pasos. Abrazó a su mamá. Ambos corazones se lavaron de tanto pesar. El mundo se les confundió. El sol resurgió. y con un mágico rayo de luz, enfocó las sábanas antes blancas. Todos mirábamos cada segundo, viendo como una familia se desplomaba. Las garras de la tristeza abrieron pechos. Seguía observando, a escondidas. Mi alma expuso las olas en mis ojos y caían en el Río. No lo soporté un instante más. Nadé a orillas, y el recuerdo se comenzaba a desvanecer. Grité, al fin grité. Ese sol naciente detenía la historia, parecía humo llevado por el viento. El recuerdo desapareció y otra vez estaba solo. El tono débil de un saxofón deprimido, me hundió. Me perdí.

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Tercer Día

Sigo nadando, había sacado mi cabeza para ver las nubes con más claridad. Hojas reposando con una delicadeza extrema en el cauce, mis movimientos alertaban todo tipo de animal, cientos de sapos con su croar. Lo que más me asombra es este silencio, ahora solo, pude con cierta lujuria, detallar la calma de la naturaleza. El viento conduce el mover de las olas al nadar. Sigo sin encontrar a alguien. No he comido absolutamente nada. Tengo una miníma esperanza de hallar alguien. Mis latidos me acompañan únicamente. Las aves recorren el cielo.
Las casas y edificos de mi ciudad, aun siguen intactos. Algo curioso me pasó cuando venía por el Muelle, tuve una ensoñación. Estaba sobre los restaurantes a la orilla del Río. Descendí un poco más y estaban suspendidas las ollas, cucharas, cubiertos y platos bajo el techo de ese irreal lugar. Tuve una cierta nostalgia, era el puesto de trabajo de mi madre. Ella me crió en aquí, mientras atendía la muchedumbre. Me duele recordar y saber que ya no está aun conmigo. Un día de tantos, llenos de cansancio y sudor, ella dijo Quiero que sepas, la vida no es difícil, la gente hace esa extraña labor de volverla imposible. De la nada, sentí un leve empujón, el Río se sacudió, a diez metros vi algo moverse con aires ancestrales, se veía frágil, su silueta no me recordaba nada. No lo pensé más y nadé hacia allá, con la dulce alegría de por fin haber encontrado alguien. Apenas llegué me tomó por sorpresa tal magnificencia.

Era un manatí, su quijada temblaba, supuse comía algas. No se inmutó en huir, estaba allí, con su achacoso andar. Sonreí por primera vez desde hacia dos semanas. Fue un impacto monumental, pensé era un mito lo de este bello animal. Estábamos a dos metros de distancia. No lo podía creer. Quise acercarme más, lo dudé. Y de la nada flechas comenzaron adentrarse al agua. Fue en este preciso instante cuando me percaté de lo que ahora era el Río, se había vuelto tan misterioso, no recordaba que hora era y los minutos se hacían mucho más largos de lo normal. Tuve una extraña sensación acerca del tiempo, como si se estuviera yendo marcha atrás. Volví mi cabeza al manatí y estaba huyendo, quería paz al igual que yo. Ascendí, tomé otro camino para llegar a la superficie, apenas asomando mi cabeza por entre las olas, vi un par de hombres de piel quemada usando taparrabos, con lanzas y flechas, apuntando al Río, estaban sobre un pequeño islote, ¿cómo no lo pude haber visto antes? Cansados siguieron su camino por tierra. Metí mi cabeza y en el fondo pude ver como las casas, restaurantes y edificios comenzaban a decolorarse, se borraban de la realidad. Era una batalla salvaje, el tiempo se estaba estirando.
Te preguntaras ¿cómo y en donde dormía? Eso fue algo a lo que me tuve que acostumbrar con el pasar de los días. Amarraba mis pies en una hermosa palma, del tope. Ahí lo hacia. El agua me mecía, en esos últimos momentos de fortaleza y ojos abiertos, ahora cansados. Recordaba con gran afecto a mi madre. Me sentía en sus brazos. Extenuado, caía dormido.

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Segundo Día

Las nubes se pueden deshacer si pasas la mano en ellas, eso era estar cerca al cielo. Por un momento escucho pasos y susurros invitándome a seguir. Raro, estoy solo. Es el segundo día así y no le he visto el rostro a nadie. La luna llena de gracia, ilumina latente esta magnitud. Pequeños agujeros de luz atraviesan la superficie, al fin veo mis manos, bastante arrugadas. el hambre pesaba. Habitar en un río a medianoche no es para nada agradable. El frío se cala en los huesos y no hay quien abrazar. Comienzo a perder la noción, lo supe cuando estaba hablando con una palma y sus cocos, ¡eche! ¿qué me pasa?. En mi mente habita una voz tenue, no se quiere dejar sentir. Porque susurra palabras que no entiendo, el ambiente es mágico. Ya fui lo que dije. Un loco hablando con una palma.
El ojo de un pescado me sigue, ha estado así desde la salida del sol. La Plaza ahora es una cueva, por donde nosotros los animales recorremos con placer. ¡Al fin puedo tocar el techo de este lugar!
La Parroquia Sagrado Corazón de Jesús emite canticos pasados, campanas retumban por el agua más fuerte que antes, estoy sentado sobre el Palacio Municipal. A mi derecha suceden extraños gemidos, oleajes de peces vienen y van sacudiendose. ¿Ahora qué se supone va a ser de mi? ¿A dónde voy? Deseo alguien me extrañe, así sea por un instante. Lo que pasó ayer fue lo más imprevisto. Las lluvias habían azotado el Puerto desde ya casi tres meses, tarde o temprano tenía que pasar. No sabía que precisamente ayer empezaría ésta tragedia. Apenas ha pasado un día y ya me siento solo. Me pesa en el alma ésta calma infinita, es acá donde siempre escuchaba decir a los grandes, en la soledad, el pensamiento juega contigo. No tengo alguien con quien hablar o ver por lo menos un rostro, porque ni el mío he logrado ver. A duras penas me reconozco cuando observo mi reflejo, pero solo es el mismo rostro rasgado. No logro detallarme ni saber cuando delgado estoy. Ahora simplemente debo seguir buscando humanos. Hace poco comí un par de hojas.

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Relato

Río Espiral

Lattoca
“Lugar de la fortaleza que domina el río”
Primer Día
Solo se oyen gotas densas. Ahora mismo, puedo sentir la pesadez en mi cuerpo, tenía tiempo sin ésta sensación. A lo lejos en los cielos tormentosos, enfermas las nubes, tosen, cada vez las oigo más cerca. Somos agua, hemos vuelto al inicio. El viento, me invita a expulsar mis lamentos, quiero salir pero no puedo, deseo gritar pero no quiero, estoy en el fondo. La oscuridad, ahora normal, se entrelaza con mi futuro. He estado acá antes, solía poner en duda mi soledad, llegaba cansado al Río para llenarme de energía. De repente, no hay nada, esto se ha convertido en una ciudad submarina.

Al flote, hay nadadores, temen los unos de los otros. La campana de la iglesia rompe el sonido de las aguas, ahora somos parte del río. Hemos sido lo de siempre. En el fondo se escapan gritos de madres abrazando sus hijos. Las puertas abiertas, desechan todo. Los bienes comienzan a llegar a la superficie poco a poco. Excepto las familias, los veo y lloro por ellos. Mis lágrimas no se quieren mezclar, recuerdo ayer lloré, no por esto. Lloré por mi madre, fue nuestro último adiós.

Ella decía debes empezar a creer. Nunca la comprendí. Ya no sé si es día o noche. La oscuridad es tan intensa, que ni mis propias manos logro ver. Nado sin cesar, al fin, he llegado a casa. Sabía también llegaría hasta acá esta locura. Mi antes llamado hogar ahora vacío, cientos de peces ahora habitan en él. Las tejas se despegan, lentamente como si alguien las estuviera jalando. Quiero gritar pero no puedo, necesito buscar a mi familia. El agua ahora rojiza, desencadena un breve destino, olas inmensas me arrastran, soy una gota más. No encuentro a nadie. Árboles, danzando suavemente, residen llenos de frutos. Me dedico a huir, algo no nuevo en mi vida.

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Pensamiento

Miradas

Tantas miradas, pero tan pocas palabras. Estoy seguro que ninguno de nosotros dos, – por ahora -, es o será capaz de decir lo que realmente siente hacia el otro. Pero de lo que si estoy ciertamente seguro, es que esas palabras nunca antes pronunciadas estarán llenas de aquello llamado Amor. Quizá, algún día uno de nosotros dos tendrá el valor de decirlo. Y de repente algo florecerá. -¿Amistad, Amor, Odio?-. He ahí la gran duda.

Juan S.

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